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Tierra de gracia: otro engaño histórico

Germán Jiménez

Autor

Imagen creada con inteligencia artificial que representa al caribe como Tierra de gracia y muestra una perla como símbolo de los recursos codiciados.

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 «Cuando yo llegué a esta Punta Arenal, allí se hace una boca grande de dos leguas de Poniente a Levante, la isla de Trinidad con la Tierra de Gracia» Cristóbal Colón.

En múltiples conversaciones con investigadores y docentes —los menos contaminados por la demagogia partidista—, sobre la historia de Venezuela, hemos llegado al consenso de que «tierra de gracia» es una perspectiva errada sobre Venezuela. Llegamos a la conclusión de que esta era una visión que apuntaba a seguir llenando de agua, una jarra rota.

La «gracia» a la que se refiere Colón, luego de entrar en contacto con la península de Paria, es la gracia divina; comparaban aquella tierra, desconocida para ellos, con el «Paraíso terrenal». Esa gracia, don que da Dios a esta tierra que la hace fértil y llena de tesoros codiciados, fueron el centro de atracción para aventureros de antaño, que no midieron los medios para conseguir sus deseos.

Es un error sostener que somos bendecidos por estar en esta tierra

No quiero que se entienda como una declaración antihispánica y pro indigenista, y tampoco la del típico discurso de izquierda, culpando a cualquier enemigo de turno por la explotación de la tierra.

La culpa, es nuestra, de los venezolanos. De quienes la habitaron antes y de quienes la conforman ahora —fuera y dentro del país—. Es un error sostener que somos bendecidos por estar en esta tierra. Ya esto lo vivimos con el chavismo, que se fundamentó en una falsa Quinta República, para crear una brecha entre lo pasado y lo venidero, cuyo resultado hoy padecemos.

Pueden leer la Quinta República de 1830 de Pedro Carrasco Lince.

La Tierra de gracia se construye

La gracia de nuestra nación, de su tierra, la construyen o la destruyen los venezolanos. Los recursos naturales de los que gozamos, no nos hacen ricos, ni llenos de gracia, si no transformamos el recurso en riqueza.

Lamentablemente, Venezuela es un país pobre, porque la gestión de sus «dones» no ha sido para generar riqueza, sino para sostener sistemas políticos que siguen devorando ese hermoso y deseado espacio físico.

Llamar a Venezuela tierra de gracia, es errar, en crear una perspectiva ficticia que no conduce a cambios internos necesarios para mover a nuestra nación a un mejor camino.

Ver como se hace este nuevo este guiño histórico, para conectar con proyectos políticos, nos hace ver con recelo su origen.

La «Tierra de gracia» es demagogia; lo fue con Colón, tratando de demostrar que había llegado a un lugar con riquezas, vistiendo de éxito aquel viaje hostil y con tantas dificultades. Lo es ahora, cuando seguimos negando nuestra realidad. El sector académico sabe que no hay tal gracia divina, pero aun así, no hay escrúpulos de usar esta bandera para conectar con las emociones de los incautos, que, en búsqueda desesperada de esperanza, se adhieren a ello sin reflexionar sobre que hay detrás. 

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